Janire siempre había deseado ser una sumisa, que la dieran caña, mucha caña. Le encantaba el sexo, tanto con hombres como con mujeres, pero con mujeres prefería ella dar caña
Leía muchos relatos eróticos y eso hacía que su coño siempre estuviera muy mojado. Al final, escribiendo a alguno de los autores había conseguido una cita, él la daba caña cada vez que cateaban, la trataba como una perrita y eso le encantaba
Quedas tirada e inmóvil en el suelo, lloriqueando. Me has defraudado, sucia perra. Una vez más. Estúpida furcia desobediente. Me has insultado. Incluso en algo tan sencillo e inocente fallaste estrepitosamente.
¿Tan difícil era cumplir tu misión? Simplemente tenías que subir a un autobús, frotar tu vicioso coño penetrado por las bolas (¡que tan generosamente te regalé!), y excitarte con las miradas cargadas de deseo a tu alrededor hasta tener un orgasmo, vivir esa pequeña fantasía y luego venir a contármelo. Nos habríamos excitado juntos con tus palabras y habríamos follado.
Corinne llevaba mucho tiempo atraída por los relatos de dominación deseando ser una verdadera perrita, hace tiempo contactó con un Amo de otra ciudad, quería ver hasta donde sería capaz de llegar de momento y si le gustaba quizás buscase uno de su misma ciudad, pero era muy tímida.
Te observo, cada día estoy deseando, llegar al trabajo y sentir tu presencia. Se, que como cada día eludirás mi cara e intentaras ignorarme. Pero también se, que estás pendiente de mi persona. Sabes que estoy deseando verte, tener algún roce contigo cuando paso por tu lado, sentir tu aroma y respirarlo profundamente, hasta que mi alma se jacte de él
No pasaban los minutos, la mañana se le estaba haciendo eterna… que poco le gustaban las mañanas que quedaba con EL porque a los nervios añadidos de cada encuentro se le sumaba la ansiedad de que el tiempo volase. Le gustaban los preliminares de repasar su atuendo minutos antes de encontrarse con EL.
El cuerpo tendido sobre la tabla. Los brazos por encima de la cabeza tienen las muñecas atadas, y la cuerda pasa por debajo de la mesa. La cintura también está unida a la mesa.
Habría chupado tus tiernos pezones, comido el coño de esa manera tan intensa y profunda que tanto te gusta, mamando y chupándote el clítoris hasta hacer correrte gritando de placer, mientras tú me comías el rabo hasta los huevos, poniéndomelo bien duro, para seguidamente haberte taladrado el coño fuerte, cogiéndote desde atrás, como a una perra,
Las películas que más me excitaban y siguen excitándome son aquellas en la que la chica es forzada por varios tipos muy duros, y ella los satisface por completo en todas sus demandas.
