Una de las sumisas vino con una bandeja con varias fustas de diversos colores y materiales. Cogió la primera fusta. La chica estaba boca arriba y fue dando pequeños golpes en los pezones, suaves pero firmes. Luego fue aumentando la intensidad de los golpes.
Cogió un huevo vibrador, se lo pasó por los pezones a ella, bajó por su vientre zigzagueando para luego acariciar su clítoris, lo metió dentro de su vagina y le dijo que hiciera fuerza para que no se cayera.
-Susana, se que piensas, pero no hay tanta prisa, mejor que disfrutemos y alarguemos este momento y ahora te confieso que tengo la lengua seca de tanto saborear tu cuerpo, así que déjame refrescarme.
La oscuridad y el silencio era absoluto, no era una situación que me extrañara ya la había disfrutado en otras ocasiones, pero en esta se estaba prolongando más de lo habitual.
Ya en la madrugada noté que de nuevo follaban en la cama. Y a eso de la nueve, me llamó, me hizo arrodillar ante su cama y los vi que iban los dos a la ducha.
Se apartó un poco y con el cinto empezó a azotarme la espalda, los primeros golpes eran suaves, pero poco a poco los sentía más fuertes, hasta que el dolor era terrible y gemía, qué dolor y que placer!
Cuando estuvo a mi lado, me dio un beso en la boca, noté sus labios ardientes con gusto de champán, pero al cabo de unos segundos, me pegó en la cara muy fuerte un par de veces, al tiempo que me decía: – Di bien alto lo que eres!
Salimos del restaurante, ellos dos, delante de mí, cogidos por la cintura. Tuve que ir a buscar el coche, subieron atrás, y yo conducía, por el camino hacia el hotel, se besaban y Xevi le acariciaba las piernas.
María se había acercado al Amo y de pie con las piernas ligeramente abiertas dejaba que Fernando le soltase los pantalones a la altura del coño y dejase al descubierto los dos agujeros de la chica y jugase con ellos comprobando su humedad.
Ana desde hacía un par de años había sentido una pulsión sexual también hacia las mujeres, pero solo en una ocasión se había enrollado con una, pero no había pasado más allá de cuatro besos y caricias. Ahora iba a ser la sumisa sexual de su amiga.
