Esta vez me había dolido, pues realmente estaba colada por él. Llevábamos ya un año saliendo juntos. La cosa funcionaba. Yo estaba muy contenta de haber encontrado a Jordi.
Apareció en mi casa después de impartir puntualmente su catequesis en la parroquia, meneando su inigualable culo y quejándose de que su vida, rebasada ya la treintena, …
Un día, me la encontré por la noche en un bar, nada más verme se me abalanzó sobre mí, me dio dos besos y me dijo que me fuera con ella, yo estaba flipando, no teníamos casi confianza ninguna pero ese día actuaba como si nos conociéramos de toda la vida,
— ¿Qué te parece, putita? ¿Te gusta?—Tiene muy poca tela, Amo —responde, toda recatada, como si no la conociera. —De eso se trata, estúpida. ¿No te gusta lucirte para tu Amo?La hembra baja la cabeza y contesta con un susurro. —Sí, Amo. Mucho, Amo. —
Es jodidamente tarde, tanto que me he quedado sólo en toda la planta preparando un informe para la reunión de mañana a primera hora y la verdad es que llevo tanto rato dándole vueltas que ya no veo ni las letras en la pantalla. Necesito un descanso.
Estás de pie desnuda abierta de piernas, con las manos en la espalda y la mirada baja, tus senos rodeados por las cuerdas se están amoratando e hinchando, la otra cuerda aprieta tu coño y se introduce en ti clavándose en tu clítoris y ano.
Así que cuando me acerco a ella, en medio de la fiesta, mientras da palique a otra niñata como ella que está también muy rica, aunque no tanto, me inclino y acerco los labios a su oído. -Si quieres que te calme el escozor -le digo-, tengo algo entre las piernas que te lo alivia al instante. Se queda muda, cosa sorprendente
No debe de tener más de 21 o 22. Es una de esas niñatas calientapollas que van por ahí luciendo culo y tetas y poniendo a los tíos salidos para luego reírseles en los morros.
Elena era una mujer independiente trabajaba como comercial para así poder distribuir su tiempo a su gusto y tener cierta libertad, en su vida sexual era una mujer ardiente con bastantes fantasías y una por encima de todas, quería ser dominada.
Mi novia era sumisa y yo soy cornudo. Y sumiso. Ambos hemos intercambiado papeles dominándonos mutuamente pero la verdad es que no tenía mucha gracia porque ambos sabíamos que era un juego, que no valíamos para dominantes
