A la mañana siguiente me levanté tarde con mucho dolor de cabeza, por mi falta de costumbre de beber copas y fumar, no me encontraba bien, me fui al baño y me miré al espejo, tenía ojeras de dormir poco y los excesos, pero mi cara era distinta esa mañana, mostraba una satisfacción plena, y mientras me duchaba empecé a tocarme pensando en Rober, en como me había tratado, en el polvo que me echó, y en lo atractivo que era. Realmente era un hombre, no como mis compañeros de facultad de mi edad, o mi novio, me sentí culpable por ponerle los cuernos, y aunque Rober al principio del polvo me forzó, realmente a mí me gustó, por eso luego le busqué por la disco para hablar e intercambiar mails y así mantener el contacto. Era sábado y por la noche salí con Miguel al cine, pero yo no podía dejar de pensar en Rober y me mojaba las braguitas, Miguel me notó rara, no estaba con él, mi mente estaba con Rober.
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